Ponerse el alma

(Publicado en La República, 6 de diciembre 2020)

Vienen siendo cinco años consecutivos de turbulencias políticas. Sin duda nuestros Presidentes de turno han dado material suficiente, pero ha existido desde el inicio una intención sostenida de desestabilizar al gobierno. Con sus idas y venidas, han conseguido hasta el momento poner en fuera de juego a dos Presidentes. Y ahora van por el tercero.

El asunto de fondo es que -más allá del evidente techo de vidrio de PPK y Vizcarra- se sigue analizando estas tensiones desde las reglas del juego político. Se sigue pensando que se trata de negociación y dialogo político, criticándose el poco olfato de nuestros dirigentes para saber sortear el embate de intereses ideológicos diferentes de quienes asumen nuestra presidencia. Y no falta quien diga que el problema es, precisamente, que no supo negociar y conceder en favor de la estabilidad democrática.

El error está precisamente en pensar que esta es una discusión meramente política. Está en perder de vista que lo que sostiene y financia esta inestabilidad son los oscuros intereses de un proyecto económico ilícito e informal inconmensurable. Que no se está, entonces, frente a una pelea de quienes quieren gobernar con una mirada ideológica diferentes, sino frente a quienes quieren generar caos para depredar los fondos públicos y engrosar sus arcas personales.

Miren cuales son sus preocupaciones: el cierre de universidades bamba, la formalización del transporte público, la fiscalización de los activos empresariales, el control de cultivos ilegales, de la minería ilegal, del tráfico ilegal de madera, la informalidad laboral, la perdida de inmunidad parlamentaria. Todas ellas iniciativas pensadas en generar barreras para evitar que se depreden ilícitamente fondos públicos y los recursos naturales de nuestra patria. Todo aquello que bloquea la esencia de sus viles negocios.

En esta gesta no solo han tenido la habilidad de generar sus propias organizaciones políticas, sino también de trazar una alianza con estructuras ultraconservadoras de apariencia repúblicana pero clara proyección fascista. Desde ella han tenido la osadía de enarbolar la defensa de instituciones centrales para nuestra democracia, como la Policía Nacional y las Fuerzas Armadas, apelando al fantasma del comunismo y el terruqueo. Y vaya que han sido exitosos en esa empresa.

Hoy, la gran amenaza del Bicentenario ya no es Sendero Luminoso, y en mucho menor grado el Fujimorismo. Hoy, el corazón de nuestra debacle política la protagoniza esa alianza entre los oscuros intereses de las economías ilegales e informales y la proyección fachistoide de una apolillada Coordinadora Republicana. En su actuar suman los galones de haber desplomado a dos presidentes de barro. Ahora van por un tercero que, aun cuando dice no temblarle la mano, parece haber cedido ante sus primeras mordidas pseudo republicanas.Señor Sagasti, no cometa el error de sus antecesores, de quienes lo diferencia el ser un tipo honesto. Con los intereses criminales y con el fascismo no se negocia políticamente. El riesgo de caer en ellono solo es convertirse en complice de sus intereses, sino la próxima víctima letal de sus arremetidas. Ha llegado el día de hacerles frente, y ya toca ponerse el alma.